
En la ciudad belga de Lovaina se fundó en 1986 la Basic Income European Network (BIEN). En el transcurso de este periodo podríamos dividir dos períodos de la historia intelectual de la renta básica. Los primeros 11 años estarían dedicados, por distintos autores, a contestar la pregunta de si ¿es justa la propuesta de la renta básica?, y en los últimos años, aunque se han seguido desarrollando muchos aspectos filosóficos de la propuesta de su justicia, se ha estudiado más si es financiable y económicamente sostenible.
Philippe Van Parijs aconsejó hace unos 25 años que era bueno primero ver si la propuesta es éticamente justa, y solo una vez superado este debate, ver si es económicamente sostenible o posible.
Para decir si una medida social es justa, lo más habitual es hacerla pasar por el tamiz de las mejores teorías de la justicia que se conocen: la de John Rawls, la de Robert Nozick o la del mismo Philippe Van Parijs. Tomando como base estas teorías, muchos autores han intentado ver si técnicamente, desde el punto de vista de la justicia, la propuesta de la renta básica superaba o no este filtro.
Esta primera etapa se ha superado y muy bien, ha habido académicos que han intentado discutir que la renta básica no era justa apelando a la reciprocidad, al principio de equidad y a muchos otros, pero la propuesta ha pasado bien el filtro primero de la justicia.
Dinero hay, y mucho más que el que nos imaginamos, para financiar una renta básica. Y en la situación actual de crisis económica y financiera muchos partidarios de la renta básica se ríen cuando oyen que no hay dinero para financiarla: Simplemente con el 10% de los 700.000 millones de dólares de rescate bancario (sin contar lo dado antes) se podría acabar el hambre en el mundo. Es una cuestión de prioridades.
Un proyecto de financiación desarrollado por Daniel Raventós tenía como objetivo el estudio de financiación para una renta básica en Cataluña. Se contaba con 110.000 declaraciones del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). Se pretendía saber si solamente a partir de una reforma del IRPF real en Cataluña, y suprimiendo todo tipo de subsidios o prestaciones o pensiones que fueran redundantes con una renta básica era posible financiar una renta básica.
Las conclusiones fueron espectaculares. La idea era dar, en el año 2003, 5.414 euros anuales a todos los adultos y residentes de Cataluña, y la mitad, 2.707 euros, a los menores de 18 años.
La preocupación radicaba en quién ganaba y quién perdía, porque si se hace una reforma de este tipo y resulta que ganan otros o no gana la mayoría de la población, la reforma está mal hecha. Pero las conclusiones fueron espectaculares porque del 70% de la gente que declara IRPF o está obligada a declarar, todos salían ganando. Otro 10% de la población quedaba más o menos igual. Los que perdían eran un 20% de los estudiados: los más ricos. Perdían respecto a la situación actual, pero seguían siendo ricos.
Una de las cosas que preocupaba en el estudio era cómo quedaba redistribuida la renta después de la reforma propuesta. Se utilizaron diversos índices, el más conocido de todos es el coeficiente de Gini, y este quedaba ampliamente mejorado, lo cual era un resultado bastante obvio.
La reacción de los contrarios a la renta básica ha sido la de intentar ridiculizar la propuesta en los medios de comunicación. Se dicen cosas como: “Hombre, con una renta básica así yo no trabajaría; ¿cuántos de ustedes trabajarían?”, “mantendríamos a vagos”, “Vendrían inmigrantes buscando conseguir este salario sin ninguna actividad productiva”.
La renta básica no es sólo un mecanismo de lucha contra la pobreza, sino que supone un mecanismo que incrementa la libertad efectiva de las personas. Aquel que no dispone de una base material suficiente para garantizarse una existencia social autónoma tendrá que sobrevivir pidiendo permiso a terceras personas y, por lo mismo, se verá en mayor o menor medida sometido a la voluntad de estas. El autogobierno de aquellos que no disponen de esta base material es, pues, imposible.
También hay una justificación económica que apuesta por la renta básica ya que sería una medida que permite la adaptación de la economía a la globalización, al progreso tecnológico que hace que disminuya la necesidad del empleo, a la pujanza de la economía financiera y a la necesidad de conseguir un desarrollo sostenible, de manera que va a evitar que se hagan inversiones con él fin de crear empleo que implican la destrucción del medio ambiente. Como derecho económico se convierte en el eje fundamental de la sostenibilidad.
Se estaba hablando de una propuesta de alrededor de 450 euros por mes (recordemos, en el año 2003), en total, unos 5.400 al año, aproximadamente. Teniendo como criterio el salario mínimo interprofesional pero en 12 pagas, no en 14. Si quisiéramos actualizar estos datos (y siempre refiriéndonos a España), de los 450 euros pasaríamos a un poquito más de 630 euros.
Si esta entrada del blog te ha parecido interesante, y quieres ayudarnos a mantenernos, contamos con tu colaboración. Y además, no dudes en escribir comentarios si quieres hacer alguna aportación.
Otro artículos de la serie “Renta Básica”:
- La renta básica (I): Definición y ventajas.
Fotografía: www.morguefile.com
Philippe Van Parijs aconsejó hace unos 25 años que era bueno primero ver si la propuesta es éticamente justa, y solo una vez superado este debate, ver si es económicamente sostenible o posible.
Para decir si una medida social es justa, lo más habitual es hacerla pasar por el tamiz de las mejores teorías de la justicia que se conocen: la de John Rawls, la de Robert Nozick o la del mismo Philippe Van Parijs. Tomando como base estas teorías, muchos autores han intentado ver si técnicamente, desde el punto de vista de la justicia, la propuesta de la renta básica superaba o no este filtro.
Esta primera etapa se ha superado y muy bien, ha habido académicos que han intentado discutir que la renta básica no era justa apelando a la reciprocidad, al principio de equidad y a muchos otros, pero la propuesta ha pasado bien el filtro primero de la justicia.
Dinero hay, y mucho más que el que nos imaginamos, para financiar una renta básica. Y en la situación actual de crisis económica y financiera muchos partidarios de la renta básica se ríen cuando oyen que no hay dinero para financiarla: Simplemente con el 10% de los 700.000 millones de dólares de rescate bancario (sin contar lo dado antes) se podría acabar el hambre en el mundo. Es una cuestión de prioridades.
Un proyecto de financiación desarrollado por Daniel Raventós tenía como objetivo el estudio de financiación para una renta básica en Cataluña. Se contaba con 110.000 declaraciones del impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF). Se pretendía saber si solamente a partir de una reforma del IRPF real en Cataluña, y suprimiendo todo tipo de subsidios o prestaciones o pensiones que fueran redundantes con una renta básica era posible financiar una renta básica.
Las conclusiones fueron espectaculares. La idea era dar, en el año 2003, 5.414 euros anuales a todos los adultos y residentes de Cataluña, y la mitad, 2.707 euros, a los menores de 18 años.
La preocupación radicaba en quién ganaba y quién perdía, porque si se hace una reforma de este tipo y resulta que ganan otros o no gana la mayoría de la población, la reforma está mal hecha. Pero las conclusiones fueron espectaculares porque del 70% de la gente que declara IRPF o está obligada a declarar, todos salían ganando. Otro 10% de la población quedaba más o menos igual. Los que perdían eran un 20% de los estudiados: los más ricos. Perdían respecto a la situación actual, pero seguían siendo ricos.
Una de las cosas que preocupaba en el estudio era cómo quedaba redistribuida la renta después de la reforma propuesta. Se utilizaron diversos índices, el más conocido de todos es el coeficiente de Gini, y este quedaba ampliamente mejorado, lo cual era un resultado bastante obvio.
La reacción de los contrarios a la renta básica ha sido la de intentar ridiculizar la propuesta en los medios de comunicación. Se dicen cosas como: “Hombre, con una renta básica así yo no trabajaría; ¿cuántos de ustedes trabajarían?”, “mantendríamos a vagos”, “Vendrían inmigrantes buscando conseguir este salario sin ninguna actividad productiva”.
La renta básica no es sólo un mecanismo de lucha contra la pobreza, sino que supone un mecanismo que incrementa la libertad efectiva de las personas. Aquel que no dispone de una base material suficiente para garantizarse una existencia social autónoma tendrá que sobrevivir pidiendo permiso a terceras personas y, por lo mismo, se verá en mayor o menor medida sometido a la voluntad de estas. El autogobierno de aquellos que no disponen de esta base material es, pues, imposible.
También hay una justificación económica que apuesta por la renta básica ya que sería una medida que permite la adaptación de la economía a la globalización, al progreso tecnológico que hace que disminuya la necesidad del empleo, a la pujanza de la economía financiera y a la necesidad de conseguir un desarrollo sostenible, de manera que va a evitar que se hagan inversiones con él fin de crear empleo que implican la destrucción del medio ambiente. Como derecho económico se convierte en el eje fundamental de la sostenibilidad.
Se estaba hablando de una propuesta de alrededor de 450 euros por mes (recordemos, en el año 2003), en total, unos 5.400 al año, aproximadamente. Teniendo como criterio el salario mínimo interprofesional pero en 12 pagas, no en 14. Si quisiéramos actualizar estos datos (y siempre refiriéndonos a España), de los 450 euros pasaríamos a un poquito más de 630 euros.
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- La renta básica (I): Definición y ventajas.
Fotografía: www.morguefile.com